EL FIN DEL “DOGMA CENTRAL” Y LA CRISIS DE LA BIOLOGÍA

Máximo Sandín
Universidad Autónoma de Madrid

Los genes, considerados la clave del desarrollo y funcionamiento de todos los organismos, no pueden explicar por sí mismos qué es lo que hace a las vacas, vacas y al maíz, maíz: los mismos genes se han revelado en organismos tan diferentes como, por ejemplo, ratón y medusa. De hecho, nuevos hallazgos de diversos investigadores han dejado claro que es el exquisito control de la actividad de cada gen por el genoma – y no los genes per se – el máximo responsable.
Pennisi, E. Searching for the Genome´s Second Code, Sience, Vol 306, Oct. 2004

El llamado “Dogma Central” de la Biología molecular, en el que estaba basada la interpretación del funcionamiento y variabilidad de los organismos, explicaba el flujo de la información genética “contenida en el ADN” de forma linear y unidireccional hacia el ARN y la proteína. Una concepción que sustentaba las ideas de que los organismos estaban rígidamente determinados por su “composición genética”, de que “los genes” mutaban al azar y de que los individuos poseedores de “mejores genes” dejaban más descendencia o, lo que es lo mismo, la teoría neodarwinista de la evolución por selección natural.
Sin embargo, desde hace mucho tiempo, existen datos científicos que descalifican esta concepción. Desde que, en 1951, Bárbara McClintock demostrase la existencia de elementos móviles en los genomas, se han venido sucediendo un creciente numero de hallazgos que la contradicen de una forma incuestionable: al descubrimiento, en 1970, de la transcripción inversa por Temin y Baltimore, le han seguido los de la epigénesis, el splicing alternativo y la edición de ARN, las duplicaciones y reorganizaciones genómicas... Finalmente (por el momento), la evidencia de que la información genética no está inscrita en una secuencia de ADN, sino que es el resultado de complejos fenómenos de regulación génica, por los que una misma secuencia puede tener muy diversas funciones según su situación en el genoma, la actividad de otras secuencias, el momento en que se exprese y, especialmente, las condiciones ambientales en que lo haga, ha puesto de manifiesto la existencia de un flujo constante de información entre los genomas y el entorno y ha cambiado radicalmente el concepto de información genética, lo que ha supuesto el fin del “Dogma Central” y, como consecuencia, de las interpretaciones de los fenómenos naturales derivadas de él.
En este estado de los conocimientos, resulta dramáticamente irracional (mucho más, teniendo en cuenta que se trata de una actividad científica) el mantenimiento de conceptos, términos e interpretaciones de los fenómenos biológicos cuyo origen (cuya base científica) se encuentra en una concepción de éstos que se ha demostrado definitivamente errónea. La necesidad de elaborar una nueva base teórica capaz de integrar y explicar coherentemente todos estos descubrimientos se hace, no sólo evidente desde el punto de vista científico, sino perentoria, dado que las investigaciones aplicadas y las manipulaciones de fenómenos que estamos muy lejos de comprender y mucho menos controlar, están impulsadas por objetivos e interpretaciones derivados de una concepción de la información genética y de las relaciones entre los organismos y el entorno ancladas en la obsoleta visión reduccionista y competitiva de la Naturaleza. Porque las consecuencias de esta actitud pueden conducir, no sólo a un camino estéril desde el punto de vista científico, sin también a graves riesgos para toda la Humanidad.