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Una buena forma de festejar a Darwin

Guillermo Agudelo Murguía

“Los sabios nunca están satisfechos porque buscan la Verdad, los necios se satisfacen con la falsedad”
(Anónimo)

Considerando que es el padre de la ciencia moderna, la Asamblea General de la ONU decidió honrar a Galileo Galilei designando al año 2009 como el “Año Internacional de la Astronomía”
Pero ¡oh sorpresa! Ya los darwinistas habían usurpado el año. La ciencia ortodoxa había ya decidido festejar, no al padre de la ciencia, sino a su “Santo Patrono”, Charles Darwin. Revistas como Scientific American y Nacional Geographic han dedicado sus primeros números del año a publicar una serie de artículos en los que se alaba desmesuradamente a Darwin, quien ahora resulta que como mínimo fue un genio, habiéndose olvidado de Galileo, el verdadero fundador del método científico moderno, fabricante del primer telescopio y descubridor de las cuatro principales lunas de Júpiter, planeta que según descubrimientos recientes es un escudo para la Tierra y probablemente la vida en la ella se deba a la existencia de Júpiter.

El caso de Darwin y su relación con la ciencia es asombroso dado que las teorías por él expuestas difícilmente se pueden considerar científicas.
Por lo tanto es un hecho curioso el que los físicos, (y en general todos los que se dicen científicos) apoyen tan incondicionalmente a Darwin y sus ideas.
Genios en la física ha habido varios, pero casi todos, han sido cuestionados, si no atacados abiertamente en sus ideas, a diferencia de lo que ha pasado con Darwin a quien propios y extraños han apoyado y defendido como lo hacen los fundamentalistas religiosos con sus íconos sagrados.
Para muestra de lo que ha sucedido con los genios en la física, basta con señalar dos casos relevantes, el de Albert Einstein y el de Stephen Hawking
Einstein fue duramente atacado por su reserva y desconfianza a la creencia de que la mecánica cuántica era, en su época, una ciencia que ya estaba completa, terminada. El tiempo le ha dado la razón en ese punto a Einstein puesto que al día de hoy la mecánica cuántica se sigue investigando y es fuente de nuevas teorías que la complementan.
Pero lo importante es que el verdadero genio reconoce sus errores:
Cuando Einstein elaboró sus ecuaciones de la Relatividad, éstas le revelaron un universo en expansión. Dado que en ese momento el consenso en la comunidad cientifica era que el universo estaba en equilibrio, es decir estático, Einstein introdujo en sus ecuaciones una constante cosmológica de modo que sus ecuaciones revelaran un universo estático.
Tiempo después, el gran astrónomo Edwin Hubble, descubrió, sin advertir lo que significaba, el corrimiento al rojo del espectro de la luz de las estrellas. Extrañado, llamó a Einstein para que éste observara el fenómeno. Al corroborar el corrimiento al rojo desde el observatorio de Hubble, se dio cuenta de que esto confirmaba un universo en expansión y entonces llamó a la constante cosmológica “el mayor error de mi vida”
El caso de Stephen Hawking es parecido. Por años, afirmó que la información que era atrapada por un agujero negro no se podría nunca recuperar. Pero en especial dos brillantes científicos, el Nobel holandés Gerardus ´t Hooft y el profesor de física de la Stanford University Leonard Susskind, nunca estuvieron de acuerdo y durante mucho tiempo sostuvieron una discusión con Hawking, quien finalmente, en un valeroso gesto, reconoció que estaba equivocado.
Susskind incluso publicó en 2008 un libro titulado “The Black Hole War; My Battle with Stephen Hawking to Make the World Safe for Quantum Meckanics”.
Casos como los anteriores existen varios, pero no en la Biología, donde reina con sus erróneas ideas desde hace 150 años, Charles Darwin.
Dado que el darwinismo se convirtió en una religión, una buena forma de festejar a Darwin es pedir a los darwinistas que eleven una plegaria a su Profeta, de modo que les conceda la sabiduría para reconocer lo equivocado en sus teorías sobre la evolución y el valor necesario para cambiarlas.

22 febrero 2009