DE LA HERRÁN, A. y CORTINA, M. (2006): La muerte y su didáctica.
Manual para Educación Infantil, Primaria y Secundaria. Madrid,
Universitas.
En los últimos años han abundado las reflexiones sobre la necesidad
de abordar en los curricula que imparten nuestras escuelas materias
o contenidos transversales muy variados y de muy distinta
naturaleza. Tenemos así propuestas educativas destinadas a la
Educación para la salud, la Educación sexual, la Educación vial
y otros muchos ejes transversales que, teóricamente, tienen en
común la finalidad de preparar a nuestros hijos o a nuestros alumnos
“para la vida”. Es curioso que, por el contrario, sean muy escasos
los trabajos destinados a prepararlos “para la muerte”.
Una explicación posible es que en este tema, como en tantos otros,
la educación –y especialmente la educación escolar- va con retraso,
camina a la zaga de la realidad. Nos gusta decir que el objetivo de
nuestra tarea como educadores es la formación integral de los seres
humanos, pero, demasiado a menudo, descuidamos los aspectos más
trascendentales de esa formación en aras de una instrucción de
carácter mecánico. Por ello, dejamos que niños y jóvenes se
enfrenten a la realidad de la muerte sin proporcionarles ninguna
preparación.
Por supuesto, ese empeño en ignorar que las personas necesitan tener
herramientas para afrontar la muerte, propia o ajena, guarda una
relación muy estrecha con el hecho de que se trata de un tema tabú
en nuestras sociedades occidentales. Precisamente por ello uno de
los propósitos de este libro es el intento de “normalizar”, de
destruir el tabú de la muerte en la escuela y, por ende, en nuestra
sociedad.
Pero la aportación de este libro va más allá, ya que amplía la
perspectiva exclusivamente psicológica de compresión tratando de
aportar propuestas didácticas concretas para trabajar en la familia
y en la escuela. En efecto, desde la Psicología, existen
contribuciones de autores importantes que han intentado profundizar
en la cuestión de cómo se desarrolla en nuestra infancia y juventud
la idea de la muerte, en cómo viven los niños la pérdida y el duelo.
Pero eso no es suficiente para quien debe ocuparse de explicar y
ayudar a asumir la muerte a los niños. Es precisamente en esta tarea
donde el texto que reseñamos puede resultar de mayor utilidad.
Desde el punto de vista de su estructura, el libro está organizado
en cuatro grandes apartados. El primero de ellos recoge dos
capítulos dedicados al estudio de la psicología de la muerte.
Concretamente, el capítulo inicial presenta de manera detallada una
perspectiva evolutiva del niño desde el nacimiento hasta los 16 años
en la que se aborda la evolución de los miedos y del miedo a la
muerte, así como los mecanismos de defensa. En este capítulo se
incluye también un análisis específico de los miedos y reacciones de
los niños que padecen enfermedades graves. El capítulo segundo
completa esta visión analizando las vivencias de pérdida (duelo) en
las mismas edades.
La segunda parte de la obra, titulada “Hacia una educación para la
muerte”, está formada por los cuatro siguientes capítulos,
dedicados, respectivamente, al análisis de la muerte como tabú
social y educativo; a las opiniones de padres y profesionales sobre
el tratamiento educativo de la muerte; a esbozar brevemente las
figuras de los principales precursores de la educación para la
muerte; y a la fundamentación pedagógico-didáctica de la educación
para la muerte.
El tercer apartado del libro, que es el más extenso, se dedica a la
Didáctica de la muerte. A lo largo del mismo se incluyen, entre
otras cuestiones, las propuestas didácticas concretas que
mencionábamos anteriormente, así como un amplio conjunto de recursos
que pueden ayudar en esa tarea y algunas orientaciones para la
evaluación de la enseñanza y el aprendizaje. De ese modo, el texto
aporta un material muy abundante, fruto de la experiencia de los
autores, que puede ser de gran utilidad para trabajar el tema de la
muerte a lo largo de la Educación Infantil, Primaria y Secundaria.
Este material se completa, además, con la selección bibliográfica
que aparece al final de la obra y que presenta de manera
diferenciada los textos destinados a niños y adolescentes de los
destinados a profesionales de la educación.
Por último, la cuarta parte del libro, titulada de manera genérica
“Hacia una mayor conciencia educativa de la muerte”, plantea como
propuesta metodológica la apertura conceptual, orientada
tanto a los medios de comunicación, esenciales en el momento
presente, como a los propios educadores. En el capítulo final, se
profundiza en el sentido que la educación para la muerte tiene
dentro de un enfoque educativo complejo-evolucionista, enfoque que
el profesor De la Herrán plantea como propuesta y que ha tratado con
detenimiento en otros textos. Dentro de este paradigma, que persigue
la evolución de la persona como un todo, la educación para la muerte
no puede plantearse de una manera aislada, sino que debe
incardinarse en un proyecto de mucho más amplio alcance.
Inmaculada Egido Gálvez
Catedrática de E.U. de Teoría e Historia de la Educación
Universidad Autónoma de Madrid
Así como desde principios de los 80 se empieza a enriquecer el
currículum de los contextos educativos con los llamados ejes
transversales (Educación para la Paz, Ambiental, Sexual, para la
Salud, Vial, etc.), creemos que hoy nos encontramos en el
momento propicio de normalizar la reflexión, el diseño y el
desarrollo de la Educación para la Muerte.
| «La muerte y su didáctica» es una
propuesta de Educación para la Muerte realizada, sin solución
de continuidad, para Educación Infantil, Educación Primaria y
Educación Secundaria. |
RAÍCES MOTIVACIONALES DEL PROYECTO. Las fuentes de motivación y
de actuación que han presidido y animado nuestro trabajo (llamado
cariñosamente por nosotros «Proyecto Prisma») a lo largo de su
realización, han sido principalmente las siguientes:
-
Complejidad. La
evolución del conocimiento de la realidad se orienta hacia una
creciente complejidad, globalmente irreversible, tanto hacia dentro
como hacia fuera de las personas, los entornos disciplinarios y sus
temas. En este sentido, queremos completar o casi recubrir una
laguna de desconocimiento y de penumbra, que, necesariamente, irá
mucho más allá, tanto del tradicional enfoque científico
mecanicista, lineal y simplificador, y más lejos de las soluciones
religiosas, así mismo enemigas de la razón y refractarias al
legado de Kant.
-
Circunstancia
educativa favorable. Con relativa independencia de los difíciles
momentos sociales que atravesamos -poco inductores de formación en
profundidad de las personas-, nos encontramos en un momento
privilegiado de la Educación: nunca en la historia ha habido mejor
conocimiento pedagógico, ni la comprensión del niño y del
adolescente ha sido mayor. Desde el punto de vista profesional
creemos que esta afirmación puede mantenerse y extenderse, al menos
parcialmente, a otros niveles posteriores de educación como el
universitario.
-
La Educación Infantil
(0-6), origen de la cascada formativa e innovadora. Si alguna
etapa educativa debe liderar un abordaje nuevo, ésta es la Educación
Infantil, por ser la más avanzada, desde un punto de vista
didáctico. Pero el desarrollo educativo de una hipotética «Educación
para la muerte» debe prolongarse a lo largo de la vida, a través de
la educación familiar, Primaria, Secundaria y Universitaria.
-
Línea de investigación
educativa no-convencional. En educación es más habitual atender
y detenerse en lo urgente que en lo importante, en la investigación
reiterativa que en la creativa, en lo que aparece a la vista o al
oído que en los huecos, en su porte que en las raíces, en remozar
que en reformar, en escuchar más los ecos que las voces...
Por esto se nos escapan los temas perennes, los grandes
interrogantes de la Pedagogía. La posibilidad de proponer un trabajo
sobre éste y otros temas resulta como poco sorprendente. Lo extraño
para nosotros es que la educación en torno a esta constante
universal resulte una rareza. Si el ser humano es el primer ser vivo
conocido que puede reflexionar sobre su propia muerte, podemos
deducir que no hacerlo quizá fuese algo disfuncional, zoico o
prehumano.
-
Utopía. Nos
acogemos a una actitud utópica de fondo, que creemos inherente a
todo planteamiento educativo saludable y que se tenga por tal,
entendiendo por utopía el movimiento hacia el derecho a anhelar
algo mejor y a trabajar por ello permanentemente. Lo utópico
hoy, mañana será realizable. Sin utopía no hay movimiento, ni cambio
evolutivo. El horizonte sí cuenta en Educación.
-
Transdisciplinariedad.
El presente trabajo y las propuestas formativas se han desarrollado
desde una perspectiva transdisciplinar en el sentido de
situarse en el tema, y no en ningún coto temporal o disciplinar
concreto. Más bien lo contrario: si se considera como un tema
perenne, tanta mayor razón para pretender abordarlo desde
múltiples perspectivas y dimensiones. Y si se toma como de otros
ámbitos, con mayor justificación procederemos a su conocimiento,
porque la localización de su epicentro ha podido ser errónea y estar
desplazada durante demasiado tiempo hacia ámbitos no educativos
caracterizados por el sesgo, la superstición y la parcialidad.
-
Apertura. El
proyecto de investigación desarrollado ha implicado a personas de
diferentes ámbitos relativos a la educación -niños,(NOTA
1) padres, y abuelos, educadores y maestros, orientadores,
profesores de carreras docentes, maestros/as en formación, etc.-,
para obtener el mayor rendimiento desde una cooperación funcional,
basada en lo que más nos une y compromete: la formación del niño y
el adolescente y de su profesorado, aceptando el reto que en ella la
Educación para la Muerte supone.
-
Formación continua.
Desde esta convergencia y unanimidad hemos experimentado la unidad
dialéctica entre teoría y práctica y hemos modificado nuestro
conocimiento en permanente apertura a nuevos esquemas y síntesis.
DESTINATARIOS. La obra se destina a aquellas personas a quienes
la Educación no les es indiferente, por lo que estudian y
reflexionan sobre ella. Especialmente se orienta a los que sienten
que la educación es esencial para la mejora social y la posible
evolución del ser humano. Con más énfasis si cabe, se dirige a
quienes se ocupan de ella desde sus cátedras, sus aulas, sus
proyectos de investigación o sus hogares: profesores universitarios
de Didáctica, Pedagogía o Psicopedagogía, formadores, maestros de
Educación Infantil y Educación Primaria, docentes de Secundaria,
orientadores y miembros de equipos de orientación educativa,
políticos de la educación, padres o tutores y abuelos y otros
familiares significativos.
FINALIDADES. Pretendemos contribuir a que la muerte fertilice la
educación, proporcionándole una hondura, una experiencia y una
transformación hacia una madurez curricular y de formación del
profesorado que hoy no tiene. Fertilizar la educación significa
llenarla en lo profundo, para propiciar la evolución posible de su
fundamentación y arquitectura curricular, desde una perspectiva
natural, compleja y orientada al mejoramiento de la vida humana. Da
nombre a un intento de realización desde y para la complejidad y la
evolución posible de la educación -que es lo que contextualmente se
pretende-, con un sentido y una motivación autoconsciente, luego
optimista, que nos parece imprescindible.
Podría ser la hora de afrontar con normalidad, conocimiento y
recursos el último tabú sustantivo -porque tabúes verbales hay
muchos más-, ni siquiera para quedarse en él con una solución
satisfactoria o miope que nos vuelva a entretener y despistar: la
Educación para la Muerte podría ser uno de los muchos asuntos
radicales y perennes capaces de iniciar el camino hacia otra Nueva
Educación, hacia otra (re)volución educativa, ésta vez centrada en
la profundidad, ampliación, complejidad y elevación de la
conciencia.
Nuestra motivación ha sido contribuir a la creación de nuevas
aperturas para el trabajo educativo, en un proceso evolutivo de la
propia Educación que creemos imprescindible e irreversible. En él se
deben anudar Didáctica y Currículo en función de una educación capaz
de adoptar como eje vertebrador a la conciencia, pese a que la
inmensa mayoría de las personas conscientes son la inmensa minoría.
Pretendemos que la Educación para la Vida-Muerte algún día pueda
dejar de ser materia vetada o utopía, y ni siquiera objeto de
innovación educativa, para que pueda llegar a ser algo cotidiano.
Por ello se apuntan análisis que favorecen la normalización del tema
que nos ocupa, y se proporcionan recursos metodológicos válidos para
la práctica de la Educación, a todos los niveles.
El panorama que se abre no sólo resulta apasionante, sino sobre todo
útil para un futuro más educativo cuya presencia depende sobre todo
de nosotros.
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